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Enciclopedia del Tango
 
Personajes
La obra de Hilario Ascasubi

Mas allá de su utilización política,  la poesía gauchesca logra uno de los puntos mas altos de su desarrollo con este hombre, nacido por casualidad en la posta cordobesa de Fraile Muerto, antigua denominación de la actual ciudad de Bell Ville, en el año 1807.  Al decir de sus biógrafos, el escritor Manuel Mujica Lainez y Rafael Hernández entre otros, desde la temprana adolescencia, Ascasubi vive una vida de aventuras,  que lo hacen aparecer como grumete, desde los doce años y hasta los dieciséis,  en un barco que navega  en el norte del continente y las Guayanas.

Según la versión de Rafael Hernández, a los catorce años fue levantado en una leva y embarcado en un buque corsario que terminó capturado por los portugueses.  Detenido en Lisboa se fuga, y después de viajar por Francia e Inglaterra, regresa a nuestro país cruzando la cordillera desde Chile, adonde misteriosamente había arribado.  Esta versión coincide con lo que él mismo escribiera: “le hice una juida al padre, y luego me agarraron de leva para los barcos, cuando la guerra con Portugal”.

Al poco tiempo de estas supuestas aventuras, lo encontramos en Salta dirigiendo una imprenta, que se arma con los elementos de la antigua imprenta de los Niños Expósitos de Buenos Aires, aquella en la que se imprimieron “El Telégrafo Mercantil y la “Gazeta de Buenos Aires”, entre otros  periódicos de los albores de la patria.  Luego de la aparición de nueve números de la “Revista de Salta”, abandona la provincia y al año siguiente,  en 1825, se enrola en el ejército unitario a las ordenes del general José María Paz y tiene su bautismo de fuego en Entre Ríos.

En los dos años siguientes,  y como  teniente, forma parte de las tropas del general La Madrid.  Con el grado de capitán, lo encontramos formando parte de las tropas del general Lavalle, al que sigue hasta Montevideo, lugar donde en 1830, logra publicar un diario “El arriero argentino”, del que solamente sale un número.  Al año siguiente, por su condición de unitario es detenido en Entre Ríos y en 1832 logra fugar nuevamente a Montevideo, donde instala una panadería.  Prospera económicamente y se casa con una uruguaya, Laureana Villagrán.  En ningún momento abandona su actividad política y en ese campo ayuda al general Lavalle, da refugio a los exiliados y fundamentalmente, inicia una infatigable tarea de escritor y periodista al servicio de la causa unitaria.

A menudo se dice y con razón, que la poesía gauchesca presenta una marcada continuidad entre la obra de un autor y de quienes lo suceden. Esto se comprueba con Ascasubi, quien a la manera de Hidalgo, en esta etapa montevideana compone un diálogo entre Jacinto Amores y Simón Peñalva, dos gauchos orientales que hablan sobre fiestas cívicas de Montevideo.  Una de las poesías más famosas, de su obra comprometida con la causa unitaria es “La Refalosa”:  en ella aparece el gaucho Jacinto Cielo, uno de los tantos seudónimos que utilizó en sus  personajes.  El epígrafe de la misma es revelador de su contenido: “Amenaza que le hizo un mazorquero degollador de los sitiadores de Montevideo al gaucho Jacinto Cielo, soldado de la Legión Argentina, defensora de aquella plaza”.  En otra de sus obras conocidas  “Isidora la gaucha arroyera, federala y mazorquera”, reaparece la crueldad del enemigo federal, característica propia de esa época,  en que ambos bandos utilizaban  la propaganda política y ejercían la violencia con igual ferocidad.

El ya citado tratadista uruguayo, Angel Rama, sostiene: “Con las ganancias de su panadería pagó gacetas gauchipolíticas y alojó exiliados argentinos. Tal comportamiento lo eleva por encima de los versificadores mercenarios del período, pero no disminuye su función partidista.  Permanentemente estuvo al servicio de la causa, dispuesto a acatar los mandatos circunstanciales de sus jefes políticos o intelectuales. Dentro de sus filas ocupó ese puesto inferior de hombre inculto, simpático y servicial, que no aspira a competir con los colegas prestigiosos, que los sirve aguardando que se le acepte y se excuse su ingénita rudeza”. Ascasubi, si bien tenía una “solvencia artística superior a la que habitualmente recorre esta literatura de combate” como señala el mismo Rama, tenía como todos los gauchescos un rango inferior en la consideración de los intelectuales más ilustrados.

En ocasión del pronunciamiento de Urquiza, a quien había atacado por su condición de caudillo federal, viaja a Concepción del Uruguay y se pone a su servicio.  En la batalla de Caseros librada el 3 de febrero de l852, se desempeña como edecán de Urquiza con el grado de teniente coronel.

Toda la obra de esta etapa,  que culmina con la caída de Rosas en la citada batalla, es reunida en Paulino Lucero o “Los gauchos del Río de la Plata, cantando y combatiendo contra los tiranos de las Repúblicas Argentina y Oriental del Uruguay (1839-1851)”.  En ocasión de los sucesos políticos que separan a Buenos Aires de la Confederación, se aleja de Urquiza y organiza un periódico en prosa y verso en el que aparece otro de sus personajes, Aniceto el Gallo.  En catorce números y un boletín extra que publica de este periódico,  se ocupa entre 1853 y 1859, de distintos sucesos de la vida cotidiana de entonces, usando siempre el lenguaje gauchesco y en el que no se priva de atacar a Urquiza a quien reiteradamente satiriza.

Es con la aparición de Santos Vega o Los Mellizos de la Flor, que la obra de Ascasubi adquiere su máximo esplendor. El libro parcialmente vio la luz en 1850, cuando aparecieron en Montevideo algunos cantos de lo que sería la obra completa, cuya publicación definitiva se hizo en 1872 en París, con una extensión de sesenta y cuatro capítulos y un epílogo.

El poema no cuenta la historia del mítico personaje, como hará luego Rafael Obligado en su obra que no esta escrita en lenguaje gauchesco,  sino que Santos Vega es el narrador de la historia de dos hermanos: Luis y Jacinto, el malo y el bueno respectivamente, que relata al matrimonio compuesto por Rufo Tolosa y Juana Petrona, que serán los receptores del relato durante toda la obra. En esta obra Ascasubi, sin la atadura de sus pasiones políticas, logra alturas que no había alcanzado con su poesía militante e introduce una visión distinta de la vida de campo.  Aparece la estancia, que es el centro de la existencia económica y social de parejas de vida simple y de  personajes diversos que va incorporando en su relato.

El lenguaje gauchesco, utilizado con maestría por el poeta le permite describir con precisión las costumbres, el medio, los conocimientos y la psicología del gaucho que habitaba “La Flor”, esa estancia grande y ordenada que representaba los nuevos tiempos que comenzaban a sucederse y que,  como ya veremos, anunciaban el final del antiguo habitante de las pampas.
Luego de regresar a Buenos Aires, después de una larga estadía por Europa, fallece Ascasubi el 17 de febrero de 1875.

Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray

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