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Enciclopedia del Tango
 
Personajes
Bartolomé Hidalgo: Ese "obscuro" montevideano

Nació en Montevideo el 24 de agosto de 1788, único hijo varón, y el menor de cuatro hermanas mujeres, de una familia pobre, a cuyo cargo quedaron las mismas cuando quedó huérfano a los 12 años. Se desconoce dónde estudió, aunque se supone que fueron los franciscanos quienes se ocuparon de su instrucción.

El padre Castañeda, enojado por la prédica que hace sobre la igualdad,  lo denigra llamándolo “obscuro montevideano” y otros lo definen como el mulatillo Hidalgo, por lo que hay quienes afirman, que no sería de extrañar que no fuera blanco. En la Gaceta de Montevideo, fray Cirilo lo llama cultilatinparlo, lo que hace pensar, que tal vez las expresiones sobre su color sean formas despectivas de expresarse, ya que la falta de “pureza de sangre” le hubieran impedido,  por aquel tiempo,  acceder a la enseñanza de las letras y a cualquier empleo.

  Por su condición de hombre pobre no se conservan retratos de Hidalgo lo que impide develar el misterio sobre su color de piel.  Se sabe que era de constitución física débil y su única intervención militar conocida, fue en 1806 en el combate de “El cardal”, antes, en 1803, había trabajado como dependiente de Martín José Artigas, padre del patriota oriental.

  La revolución, con la ampliación de la base de participación social, le permite acceder a cargos públicos, desempeñándose en distintas funciones entre 1811 y 1815, año en que es designado interinamente como Ministro de Hacienda.  Los dos años subsiguientes, lo encuentran como primer director de la Casa de Comedias.  Ocupa luego un puesto inferior en la misma, el de censor,  pero la permanencia en su ciudad se le torna muy difícil con la llegada de los portugueses. En mayo de 1818 decide radicarse definitivamente en Buenos Aires,  ciudad donde se casa e inicia una vida más ordenada que la de sus últimos tiempos montevideanos.  Por esta época y como medio de vida se dedica a vender sus cielitos impresos, en hojas sueltas,  y comienza a escribir sus “Diálogos patrióticos”.  El agravamiento de su salud hace que se traslade a lo que era el “caserio”de Morón, donde fallece el 28 de noviembre de 1822.

 La obra de Hidalgo puede clasificarse en dos partes, la primera corresponde a la producción de los cielitos y la segunda a la de los diálogos patrióticos.  Los primeros adquieren la forma de esas composiciones musicales de carácter popular y anónimo, que desde antiguo cantaban los gauchos, acompañándose con la guitarra y que tomaban su nombre del estribillo:  “cielo, cielito, cielo”;  habitualmente rezaban de asuntos sentimentales, y tenían carácter de danza muy popular, ya desde antes de la Revolución de Mayo.  Estos cielitos,  en los que el autor manifiesta su pasión y compromiso ante los acontecimientos que esta viviendo, constituyen esa poesía militante que se cantaba en las trincheras, durante el primer sitio de Montevideo y posteriormente en 1816, frente al enemigo portugués.  En ocasión de la batalla de Maipú escribe un cielito “que compuso un gaucho para cantar la acción de Maipú”...  Viva nuestra libertad, / Y el general San Martín, Y publíquelo la fama/ Con su sonoro clarín. . . /.  

    En la segunda de las formas que adquiere la obra de Hidalgo,  los Diálogos patrióticos, el autor  introduce el tema de la injusticia social y a personajes, que con los mismos nombres, aparecerán luego en la obra de los continuadores del genero.  En esos diálogos aparecen dos personajes: Jacinto Chano, capataz de una estancia en las islas del Tordillo y Ramón Contreras gaucho de la Guardia del Monte, que serán los responsables de describir las vivencias y los sucesos que presencian.   Dice Chano:. . . En diez años que llevamos/ De nuestra revolución/ Por sacudir las cadenas/ De Fernando el balandrón: / ¿ Qué ventaja hemos sacado?/ Las diré con su perdón./ Robarnos unos a otros, / Aumentar la desunión, . . .  clara muestra de lo que referíamos, en cuanto al autor como iniciador del genero testimonial de protesta.  El tema festivo y costumbrista aparece en el  “diálogo que hace el gaucho Ramón Contreras a Jacinto Chano de todo lo que vio en las fiestas Mayas de Buenos Aires de 1822”,  composición que corresponde al año de su fallecimiento y que resulta también el punto de partida de similares composiciones, que aparecerán en abundancia, en la producción literaria de muchos autores rioplatenses.

Su obra y los elementos de la poesía gauchesca  
Afirmar que Hidalgo es el creador de la poesía gauchesca, hace necesario señalar los elementos que incorpora a su obra, y que luego encontraremos en sus continuadores;  elementos, por otra parte, que son los que darán unidad al género. 

    El personaje central de la poesía gauchesca es, obviamente el gaucho, que reúne la doble condición de: actor y destinatario del mensaje.  En la primera etapa de la literatura gauchesca, y termina siendo, con la aparición del Martín Fierro, el sujeto de ese canto desgarrado por la extinción del personaje más emblemático de nuestra historia. Es que en la 0primera etapa de la poesía gauchesca, existe la necesidad de darle contenido épico al mensaje: el gaucho forma parte de la historia que se está viviendo, mientras que al cierre del período de vigencia del genero, con la aparición de “La vuelta de Martín Fierro”,  el personaje comienza a transformarse en el referente de un mundo que desaparece y la poesía adquiere, entonces, un tono elegíaco.

       El estudio de la figura del gaucho, por su trascendencia en la historia de nuestro país, debe hacerse desde el plano histórico y social y en su carácter de forjador de la identidad nacional,  su figura trasciende el ámbito de la literatura, por lo tanto en ese aspecto,  de él nos ocuparemos en otro capítulo de este trabajo.

    Al iniciar el estudio de la gauchesca desde el plano literario, en primer término es dable mencionar que, la poesía de Hidalgo incorpora como eje central de su temática el conflicto político,  eso hace que el padre Castañeda y  Sarmiento, definan al poeta como gauchipolítico, y  como bien dice Angel Rama, ese proceso  “en el Río de la Plata dio nacimiento a la poesía gauchesca de Bartolomé Hidalgo, que no debe confundirse con la literatura popular en lengua vernácula o la literatura tradicional folklórica”.  Es que el poeta, a partir de los cielitos patrióticos, compromete decididamente su pluma,  a la causa revolucionaria de Mayo y su poesía es la poesía de la patria misma. 

Con el tiempo la poética revolucionaria dejará su lugar a la política de partido, la pluma será un arma más en las luchas de unitarios y federales, Buenos Aires y la Confederación, pero este tema, como veremos, recién se corresponderá con la obra de los continuadores de Hidalgo.

Otro aspecto que resulta importante destacar es que, en la composición de su poesía, Hidalgo deja de lado las formas que en ese momento utilizaban los poetas ilustrados, - el neoclasicismo europeo -, para retomar las formas utilizadas por los payadores que, como ya señaláramos, hundían sus raíces en el medioevo español,  y era la que permanecía en la memoria de la mayoría del pueblo a través del canto de esos hombres. Por lo tanto deliberadamente Hidalgo elige la forma poética popular en detrimento de la forma usada por los poetas ilustrados, para decir:

Allá va cielo y más cielo,
Cielito de la mañana…
Después de los ruiseñores
Bien puede cantar la rana.

    El lenguaje utilizado, otro de los elementos distintivos de la gauchesca, adquiere  sonido local, deja de lado el lenguaje académico,  que no se corresponde con el habla cotidiana, y adopta las modalidades utilizadas por el paisano.  Es que su poesía no era para ser declamada en los salones,  sino para encender la sangre de nuestros soldados:

Cielo, los Reyes de España
la puta que eran traviesos
nos acristianaban al grito
y nos robaban los pesos.

    El resto de América tendrá que esperar hasta la aparición del Modernismo, primera expresión en el campo de la literatura ilustrada de carácter esencialmente americano,  para contar con una poesía que se independice de la influencia del lenguaje español.  De todas formas, es importante reiterar que el lenguaje tomado del habla del gaucho, es recreado por el poeta, que no es un gaucho sino una persona ilustrada, quien copia las modalidades de este y las vuelca en su obra.
    
En directa consonancia con el lenguaje, debemos hacer referencia a la condición del destinatario  de esa poesía,  esos hombres que poblaban las ciudades y los campos de estas tierras que nacían a la libertad eran, en su mayoría,  analfabetos.  Eso llevó a decir al citado Angel Rama que se había “inventado un público”, y que esa era la fundamental y básica opción de esa poesía.  Resulta claro entonces que esa masa que el movimiento emancipador de mayo incorporaba a la historia, como habitantes, no como ciudadanos, que ese es otro escalón que les llevará mucho mas tiempo alcanzar, sólo estaba en condiciones de acceder a esa poesía, siempre y cuando les fuera recitada o cantada.  En tal sentido observamos que en todo momento, las obras hacen referencia al canto: Aquí me pongo a cantar, comienza el Martín Fierro.  Es que en última instancia,  el canto o la narración eran la forma de transmisión masiva, objetivo este, que por otra parte era el perseguido por los autores. Su público era, por lo tanto, mas de oyentes que de lectores.

     Por otra parte, los asuntos sobre los que giraban las obras de la literatura gauchesca requerían, como lo descubrió Hidalgo, de ese lenguaje que el escritor extrae del habla cotidiana del gaucho según se presume.  Es que toda la poesía anterior, esa que iba cantando el payador en sus improvisaciones, por su mismo carácter oral, se iba perdiendo con su creador. Lo mismo sucedía con el habla, que presumimos,  es el que incorporarán estos poetas letrados en sus obras y que le da la condición de gauchesca, ya que solamente la temática, a la que algunos escritores,  como Esteban Echeverría en  La cautiva o El matadero se acercaron, no resulta suficiente para hacer  una obra del género.

El carácter de precursor asignado a Bartolomé Hidalgo, tiene también su sustento en una cantidad de elementos que,  no resultan de menor importancia que los citados, y que aparecerán en la obra de sus más importantes continuadores: la utilización de formas de saludo, el diálogo entre paisanos, la permanente referencia al caballo como eje de la vida del gaucho, la descripción de vivencias y sentimientos en ocasión de hechos trascendentes sean de carácter épico o festivo, la permanente referencia al pasado, y la introducción del tema de la injusticia social, constituyen parte de ese genero original que,  sin ninguna duda, creó este modesto oriental al que con toda justicia,  en ambas márgenes del Plata, debe reconocerse como:  El primer poeta de la patria.  

Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray

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