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Enciclopedia del Tango
 
Personajes
Carlos, el Malevo, Muñoz

Uno de los poetas mayores de la poesía lunfarda es Carlos Muñoz, “el Malevo” Muñoz o Carlos de la Púa. Nace en 1898 en La Plata y muere en 1950 en Buenos Aires, se dedicó fundamentalmente al periodismo, trabajó en esa redacción de Crítica junto a Nicolás Olivari, a González Tuñón, a Roberto Arlt, Borges, en fin ha tenido una vida muy dada con todo lo que significó la cultura y fundamentalmente es uno de los más considerados dentro de la poesía lunfarda.

Tal es así que los demás poetas le han dedicado algo. Celedonio Flores en “Corrientes y Esmeralda” habla “Te glosó un poema Carlos de la Púa”, también lo menciona en “Chapaleando barro”. Cadícamo también en alguna poesía, Centeya en un poema dedicado al Malevo Muñoz dice: “Gran ñorse de la yeca siempre tuvo un desvelo cachuzo y esquinero de amor ilimitado que mantuvo su cuore errante limpio y cadenero”.

Y María Luisa Carneri le pone letra, que prácticamente no se conoce, a un tango de Julio De Caro que se llama “El Malevo” y está dedicado al malevo Muñoz y en esos versos dice:

Sos un malevo buen mozo sin lengue ni compadreada, con melena recortada, sin milonga ni canyengue, al elemento bacán batiste el reo chamuyo, lindo parlamento el tuyo pa volcarlo en un gotán”.

Es decir, es uno de los poetas más considerados y prácticamente el que comienza a dar ese vuelo dentro de la poesía lunfarda.

Escribió algunos tangos pero que no tuvieron demasiada trascendencia. Voy a leerles un poema de él.

La cortada de carabelas
Reñidero mistongo de curdas y cafañas
de vivillos de grupo y de vivos de veras,
la cortada es el último refugio de los cañas
y la cueva obligada de las barras nocheras.

Barajada en el naipe de las calles centrales.
Carabelas es la carta más brava del asfalto.
Su abolengo ranero lo tiene por cabales
y a pesar del ambiente lo conserva bien alto.

El mejor elemento de vida cadenera
pasó por sus boliches tranquila y respetada,
desde la mina aquella de reloj de pulsera
a la grela oriyera de la cremcha engrasada.

En sus rantes bulines han truqueado, broncosas
las barras más temibles de los tiempos pasados
y sus viejas paredes presenciaron famosas
peleas que dejaban cuatro a cinco tajeados.

La clásica encordada de los grandes cantores
deschavaron sus penas en sus piringundines,
volcando la milonga como un ramo de flores
en medio de las broncas y de los copetines.

Hoy la vieja Cortada tiene nueva la pinta,
pero flota en su ambiente esa vida pasada
como flota en el cuello de la viola la cinta
que pusiera prolija la mano enamorada.
 

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