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Enciclopedia del Tango
 
Barrios
El Centro

Dentro de las muchas particularidades que ofrece la ciudad de Buenos Aires, una de las más curiosas es la división existente entre el “centro” y los barrios. Esa denominación de “centro” no reviste, en modo alguno, características geográficas, es muy difícil de definir, es más, hasta podríamos decir que existen varios “centros”, porque desde el punto de vista del tango, la denominación, invariablemente, por esos tiempos hacía referencia a la calle Corrientes, que  ha sido el lugar de mayor actividad artística durante buena parte de este siglo. 

No hay dudas que la Plaza de Mayo ha significado a lo largo de la vida del país, el sitio en el que se desarrollaron casi todos los hechos relevantes de nuestra historia y por lo tanto, ese punto de la ciudad, tiene bien ganado el derecho a ser considerado el centro político de la misma. Nadie cuestionaría definir como centro a la calle Florida, si el tema en cuestión tuviera que ver con el paseo o la elegancia de  los porteños de aquellos años.

 Por eso la división de la ciudad podría hacerse simplemente entre el “centro”, cuya definición como decíamos corresponde a distintos lugares ciudadanos y los barrios que se fueron formando, sobre todo, a partir de la segunda mitad del siglo anterior.  El tango se ocupó de marcar claramente esas diferencias entre el centro y los barrios, y establecer el lugar que daba el porteño a cada uno de estos sectores en que dividía a la ciudad. 

El centro constituía el espacio en que se materializaban sus éxitos, pero también el sitio donde las miserias humanas se expresaban con su rostro más cruel. Algunos ejemplos nos servirán para ilustrar lo dicho. El 22 de febrero del año 1923 se estrena el tango “Buenos Aires” que Manuel Romero escribió, con música del catalán Manuel Jovés, para su sainete “En el fango de París”. La letra refleja esa dualidad a que hacíamos referencia; comienza definiendo a Buenos Aires como la “Reina del Plata” y “mi tierra querida” a la que el protagonista  busca, “para calmar su amargura”. Finalmente el panorama se modifica y da lugar a la tristeza que aparece en el final de los versos siguientes:

Noches porteñas,
bajo tu manto
risas y llantos
muy juntos van.
Risas y besos,
farra corrida,
todo se olvida
con el champán.
Y a la salida
de la milonga,
llora una nena
pidiendo pan …
Miguel Bucino compone el tango “Bailarín compadrito”, que graba Carlos Gardel en 1929.  El autor cuenta el triunfo de un bailarín orillero de Barracas al Sud (Avellaneda), de la siguiente forma:
Cualquiera iba a decirte, che reo de otros tiempos,
que un día llegarías a rey de cabaret,
que pa’ enseñar tu corte pondrías academia …
Al taura siempre premia la suerte que es mujer.
. . . . .

Bailarín compadrito,
que quisiste probar otra vida,
y al lucir tu famosa corrida
te viniste al Maipú.
En este caso, el pasaje al centro es sinónimo de triunfo, aunque el tango deja lugar a la nostalgia del personaje:
Araca, cuando a veces
oís La Cumparsita,
yo sé como palpita
tu cuore al recordar
que un día lo bailaste
de lengue y sin un mango
y ahora el mismo tango
bailás hecho un bacán.

Pero algo vos darías
por ser sólo un ratito
    El mismo compadrito
del tiempo que se fue,
pues cansa tanta gloria
y un poco triste y viejo
te ves en el espejo
del viejo cabaret.

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