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Enciclopedia del Tango
 
Barrios
La Boca

La Boca...Callejón...
¡Vuelta de Rocha!
Bodegón...Genaro y su acordeón.


 

Para hablar de la Boca, debemos  comenzar por referirnos al Riachuelo. Al llegar Don Pedro de Mendoza en febrero de 1536, eligió para fondear sus naves, la desembocadura de un pequeño riacho que moría en el gran Río de Solís. Es por ello que el cronista Félix de Azara, en 1800, lo llamará el Riachuelo de los Navíos.
 

Turbio fondeadero donde van a recalar
barcos que en el muelle para siempre han de quedar.

 

Cuando Juan de Garay en 1580, funda la ciudad de la Santísima Trinidad, elige el mismo lugar que Mendoza, solamente un poco más al norte. Determina el ejido de la ciudad, y  entrega terrenos o “suertes” en las afueras. Hacia el norte, las suertes eran perpendiculares a las costas del Río de la Plata, llegando hasta el Río de las Conchas. Hacia el sur, las mismas eran perpendiculares al curso del Riachuelo, llegando hasta lo que es hoy Quilmes. Sobre la margen derecha, en lo hoy es Avellaneda y el Dock Sur, le fueron entregadas las mejores tierras  al Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón, y sobre la margen izquierda, o sea la ribera boquense, la suerte le correspondió al sobrino del Adelantado, el Capitán Alonso de Vera y Aragón, quién había acompañado a Garay desde Asunción. Pero este Capitán nunca tomo posesión de sus tierras, ya que viajó a España en 1580, y al regresar en 1588 fue el primer Teniente Gobernador de la ciudad de Vera de las siete Corrientes.


A medida que la población aumentaba y se iba desalojando a los indios, se fueron tomando posesión de los terrenos. Pero como ésto se hizo en forma irregular provocó enormes controversias. A partir de 1590 comenzó el proceso de delimitación y adjudicación de las tierras cuando fueron nombrados Francisco Bernal y Juan Zárate para realizas las mensuras correspondientes. Recién siendo gobernador Hernandarias se finalizó este trabajo y se repartieron en 1609 diez suertes de chacras. Cada suerte tenía 400 varas de frente y se extendían, en forma rectangular desde la ribera norte del Riachuelo hasta el ejido de la ciudad, o sea hasta la barranca del actual Parque Lezama. La distribución era la siguiente:


Primera suerte: otorgada en 1609 al Capitán Martín Rodrigo. Vendida en 1638 al General Tapia de Vargas.

 

Segunda suerte: otorgada en 1609 al General Manuel de Frías. Su hija Isabel de Frías Martel, que la heredó, se casó con el general Tapia de Vargas con lo cual quedaron unidas las dos primeras suertes. En 1783 María Josefa Alquizalete adquiere parte de estas tierras, limitadas por las actuales calles Martín García, Montes de Oca, Olavarría o Suárez y Ruy Díaz de Guzmán, dónde edifica una capilla: el oratorio de Santa Lucía, que hoy es la parroquia de Santa Lucía.

 

Tercera suerte: otorgada en 1609 al General Pedro García Redondo permaneció despoblada durante muchos años y fue otorgada por el Gobernador Bruno Mauricio de Zabala, en 1732, al Capitán Bartolomé de Montaner. Al morir éste en 1756, sus herederos la venden fraccionada a Custodio José Alvarez (1764) y a Juan Noario y  Marcos Miguens en 1772.
Las suertes siguientes ya pertenecen a Barracas y llegan hasta el “pago de La Matanza”.

 

Cuarta , quinta sexta y séptima suerte: otorgadas en 1609 al tesorero Simón de Valdez.

 

Octava suerte: no ocupada en 1609. Otorgada en 1631 a Pedro de Rojas.

 

Novena suerte: otorgada en 1609 al escribano Juan de Escalante.

 

Décima suerte: no ocupada en 1609. Otorgada en 1640 a Gaspar de Acedo.


A ambos lados de la actual Av.Alte. Brown se encontraba una enorme extensión cubierta de juncales. Sus límites eran el: Río de la Plata, el Parque Lezama, la actual calle Wenceslao Villafañe y hacia el oeste la actual Av. Regimiento de Patricios. El gobernador don Pedro Dávila donó, en 1636, estas tierras a don Antonio de el Pino. Los herederos de éste donaron las tierras a los Padres Dominicos. En 1817, el inglés Diego Brittain se las compró en 4.800 pesos. Este súbdito inglés había venido con Beresford durante las primeras invasiones inglesas y se radicó en Buenos Aires, casándose y teniendo tres hijos. Comenzó a rellenar los terrenos, edificó una quinta y propuso en 1821 la construcción de una camino hacia la boca del Riachuelo y un muelle en éste, que permitiese una mayor fluidez en el tránsito de mercaderías. Rivadavia aprobó la propuesta y el camino que se construyó significó un cambio fundamental para el asentamiento de pobladores. Esta vía llamada “Camino Nuevo” es hoy la actual Av.Almirante Brown. En 1886, el heredero Diego Winter Brittain comienza a parcelar y vender la enorme extensión sin quedarse con ninguna parcela.

A partir de 1810 debido al incremento del comercio exterior de cueros, sebo y charqui, se instalan en la margen izquierda del Riachuelo depósitos o “barracas” para productos de exportación. Estas barracas se extendían desde la Boca propiamente dicha hasta la Vuelta de Rocha. Debido a la ubicación de estos almacenes, se llamó a la zona “terrenos de barracas” y “puerto de barracas”. También se fueron instalando en la zona saladeros, que realizaban su faena al aire libre, contaminando las aguas. En 1868 se prohibió el faenamiento en el lugar lo cual permitió la recuperación del Riachuelo, hasta que en nuestros días, el petróleo hizo su obra destructiva.

Lógicamente, la ubicación del puerto, de las barracas, saladeros y curtiembres hicieron necesario la creación de rutas de acceso. El más transitado era el “camino del Bajo” que comenzaba en el Puerto de los Navíos (Av.Paseo Colón y Humberto 1º), pasaba por el  bajo de la Residencia y al llegar a la Punta de Santa Catalina (Paseo Colón y Martín García) doblaba hacia el oeste. Esta ruta fue construida por el virrey Arredondo hacia 1788. También existía el llamado “Camino Viejo” que corría sobre la actual calle Necochea  desde Pedro de Mendoza hasta Brandsen y luego hasta Wenceslao Villafañe. Éste fue reemplazado por el “Camino Nuevo”, al cual  ya nos hemos referido, que corría por la actual Alte Brown desde la Punta de Santa Catalina hasta la calle Alegría (Wenceslao Villafañe), dónde existía un zanjón que era cruzado por el Puente de Rosas. También desde la Punta de Santa Catalina se bifurcaba hacia el sur otro camino que recorría la actual Av. Martín García hasta Montes de Oca y por ésta hasta el Riachuelo.

Más tarde, en 1865, aparece el Ferrocarril a la Ensenada. Iba desde Paseo Colón y Venezuela hasta Tres Esquinas en Barracas. En el trayecto entre Venezuela e H.Yrigoyen se construyó un viaducto para que las aguas del río no afectaran el tránsito. Terminaba en las proximidades de la Casa Amarilla. Posteriormente, se extendió hacia el norte hasta la Estación Central (B.Mitre y Alem) y hacia el sur, por tierra firme, hasta la estación Gral. Brown (Olavarría y Garibaldi) llegando a la Vuelta de Rocha dónde se bifurcaba en dos ramales, uno iba hacia Tres Esquinas y el otro al muelle de la Boca. Cruzaba el Riachuelo hacia Avellaneda y seguía hasta el puerto de Ensenada dónde llegó en 1872.
Es importante considerar la evolución de la población de la Boca. A mediados del siglo XVII no existía población estable. Tengamos en cuenta, que para esos años el lugar estaba alejado de la ciudad, era inundable y no existían caminos, ni siquiera senderos. Según Antonio J.Bucich los negros debieron ser los más antiguos pobladores de estos pajonales a partir de los primeros años del siglo XIX. Al establecerse las barracas comienzan a vivir en la zona, en condiciones muy precarias, personas que trabajaban en ellas. En las adyacencias comenzaron a aparecer pulperías, concurridas por marineros. También destaca Bucich la existencia de algún astillero como el de Miguel Pons que se inició por el año 1803.



El asentamiento poblacional fue totalmente desorganizado; el que llegaba levantaba su casa dónde le parecía. En 1830, la población boquense se estimaba en 2.000 personas. Durante el gobierno de Rosas se multiplica la instalación de astilleros, barracas y establecimientos fabriles; se abre la calle Defensa para poder llegar al centro de la Boca, dónde estaba la  Capitanía del Puerto (Pedro de Mendoza, entre Alta.Brown y  M.Rodriguez). Aparecen los primeros pobladores genoveses y la Boca ya es considerada parte de la ciudad.

En 1859 se divide la ciudad de Buenos Aires en doce juzgados. La Boca era el Nº 4, llamado de Barracas al Norte o de Santa Lucía. También en ese año se hace una división eclesiástica pasando la Boca a depender del Parroquia de San Telmo.
En 1869 se realiza un estudio topográfico de la ciudad dónde consta que en la Boca había 869 casas con un promedio de 7,8 personas por casa ( o sea alrededor de 6800 habitantes).

El 25 de agosto de 1870 el gobernador Emilio Mitre dictó la Ley Nº 654 dónde la Boca tiene jurisdicción propia y se fijan sus límites: la calle Defensa (hoy Av. Regimiento de Patricios) hasta el Riachuelo, la separan de Barracas al Norte; la calle general Brown (hoy Martín García) y el límite norte de los terrenos de Brittain la separan de San Telmo y el Riachuelo la separa de Barracas al Sur (Avellaneda). El Juzgado de Paz funcionaba en un corralón en Pedro de Mendoza y Martín Rodríguez, se llamó “De San Juan Evangelista” y el primer Juez de Paz fue Sebastián Casares. Es interesante destacar que la población italiana intentó posteriormente ser un estado independiente al estilo de San Marino. Enviaron cartas al rey de Italia Víctor Manuel II pidiendo su aprobación, crearon una bandera ( era una bandera argentina con el escudo italiano) y su descabellada idea fue desbaratada por el presidente Julio A. Roca.

En 1887 la población alcanza a unas 24.498 personas. En 1895 llega a 38.000 distribuida de la siguiente manera: 17.000 argentinos, 14.000 italianos, 2.500 españoles y el resto de nacionalidades varias. Según el Censo Nacional de 1914, la Boca contaba con 76.024 habitantes, con 39.839 argentinos y 22.170 italianos (el país tenía 7.905.502 habitantes y Buenos Aires 1.575.814).

ALGUNOS LUGARES DESTACABLES

-El Cruceiro de Parque Lezama: es un monumento que se erigía en lugares peligroso, para santificar los caminos y proteger a los caminantes. También cumplía la función de límite entre parroquias o para perpetuar un hecho histórico o legendario importante. En este caso indica el lugar dónde se supone Don Pedro de Mendoza emplazó, en 1536, su pequeña fortificación. Está realizado en granito, fue donado por la colectividad gallega y se inauguró el 6 de diciembre de 1980. Fue traído desde Galicia, dónde se lo esculpió, por la condesa de Fenosa, Doña Carmela Arias y Díaz de Rábago.

Tiene una altura de 5,10 metros, pesa 3.200 kilogramos. Tiene en el anverso de la cruz la reproducción de Cristo crucificado y en el reverso la Virgen María. En su base están grabados los nombres de las cuatro provincias gallegas: Lugo, La Coruña, Pontevedra y Orense.


Hospital “Dr. Cosme Argerich”:
El origen fue el “Hospital Vecinal de la Boca” fundado en 1897 e inaugurado oficialmente en 1900. Fue su primer director el Dr. Juan Aicardi. Estaba ubicado en Brandsen Nº 555 y tenía una capacidad de 28 camas. Al aumentar la población boquense se fue ampliando y en 1904, a iniciativa de su director el Dr. Washington Alvarez se lo denominó “Dr. Cosme Argerich”. En 1940 se colocó la piedra fundamental del nuevo edificio, ubicado en terrenos dónde había estado emplazada la estación de tranvías Anglo Argentina, en la manzana limitada por Alte. Brown, Pi y Margall, Necochea y Tomás Liberti. El nuevo edificio fue habilitado el 30 de diciembre de 1945. En los accesos se encuentra un busto del Dr. Cosme Argerich realizado por el escultor Luis Perlotti. El 28 de diciembre de 1987 se descubrió un busto del pintor Quinquela Martín.

Casa Amarilla:
Según Bucich existieron dos “casas amarillas”, que en realidad estaban pintadas de color blanco. Una perteneció al Almirante Guillermo Brown y estaba situada en la “calle larga de Barracas” y la otra se encontraba frente al Parque Lezama, en la intersección de Martín García y Paseo Colón. La que hoy se encuentra en Alte. Brown 401, es la réplica de la primera.

Calle Caminito:

Caminito que el tiempo ha borrado,
que juntos un día nos viste pasar,
he venido por última vez,
he venido a contarte mi mal.


Existía un arroyuelo, llamado “El Puntín”, que desde la Dársena Sur (Laguna del Piguyi) corría por la actual Wenceslao Villafañe hasta Garibaldi, y desde aquí hasta la Vuelta de Rocha a través de una curva. Este arroyo se fue cegando y su cauce fue utilizado por el Ferrocarril a Ensenada, hasta 1920. A un vecino, Arturo Cárrega se le ocurrió limpiar el lugar y transformarlo. Mientras se oficializaba un nombre, Benito Quinquela Martín bautizó como “Caminito” a la curva, inspirado en el tango de Filiberto y Coria Peñaloza.

Como el terreno pertenecía al Ferrocarril del Sud, al ser nacionalizados los ferrocarriles se dispuso la venta de todos las propiedades que no sirvieran a los fines del servicio, entre ellas “Caminito”. Por gestiones de Quinquela Martín, se pudo salvar este lugar, que pasó a propiedad de la Municipalidad en 1959.

Los artistas de la Boca fueron aportando sus obras, utilizando las paredes del fondo de las casas que dan a la calle Caminito, transformándola en un museo al aire libre. Hay un busto en piedra de Juan de Dios Filiberto, réplica del realizado en quebracho por Luis Perlotti y una placa recordando la labor artística y filantrópica de Benito Quinquela Martín.

 

LOS CAFÉS DE LA BOCA:

Brillando en las noches del puerto desierto
como un viejo faro, la cantina está
llamando a las almas que no tienen puerto
porque han olvidado la ruta del mar.

Como el mar, el humo de niebla las viste
y envuelta en la gama doliente del gris
parece una tela muy rara y muy triste
que hubiera pintado Quinquela Martín-
Ya desde las primeras épocas, cuando aún la Boca no era una barriada populosa, los cafetines atrajeron a todo tipo de individuos, que provocaban incidentes que molestaban a los vecinos. Pero en estos cafés xeneizes, se fue gestando, a través del inmenso crisol inmigratorio, quizás lo más importante del desarrollo de nuestro tango.  No podemos dejar de mencionar la esquina de Suárez y Necochea, dónde hacia 1880 existía el bailetín del Palomar, que regenteaba el toscano José Tancredi. Una copla popular lo recuerda:

La otra noche en lo e’Tancredi
bailé con la Voladora
y estando la Parda Flora
cuando me vió estriló.
Y también  Enrique Cadícamo:
¿Dónde andarás Pancho Alsina?
¿Dónde andarás Balmaceda?
Yo los espero en la esquina
de Suárez y Necochea.


Vamos a nombrar algunos de ellos:

-Café de los Negros: ubicado en Suárez y Brandsen. Su nombre proviene de que la mayoría de sus parroquianos eran negros.

-Almacén del Pobre Diablo: ubicado en Martín Rodríguez y Olavarría. En este lugar se reunían los marineros que provocaron una revuelta, por mejoras salariales, el 28 de febrero de 1876.

-Café Royal: ubicado en Suárez y Necochea. Conocido también por Café del Griego, debido a la nacionalidad de su propietario Don Nicolás Bardaka. En 1908, Francisco Canaro comenzó a tocar en este lugar y también es importante recordar que en 1909, un muchacho con el fueye a cuestas estrenó un tango en este café: el tango se llamaba “Una noche de garufa” y el muchacho nada menos que Eduardo Arolas, “El tigre del bandoneón”

-Café Bar La Popular: también ubicado en Suárez y Necochea. Se caracterizaba por la presencia de hermosas mujeres, comenzando por su atractiva dueña a la cual recuerda Enrique Cadícamo:

En el año catorce
había una esquina brava allá, en la Boca
Suárez y Necochea
Y una mujer fascinadora,
cuyo nombre andaba como un mate,
de boca en boca.

X.X.La Popular,
como su nombre lo indica,
era una mujer cariñosa y rica
y dueña de un Café y Bar...


-Café La Marina: ubicado en Suárez 275 a pocos metros de Necochea. Actuaba allí el trío del “tano” Genaro Spósito, acompañado al piano por Agustín Bardi y en la guitarra por José Camarano.

-Café de Teodoro: enfrente del anterior. Actuaba Roberto Firpo.

-Café La Política: ubicado en Brandsen y Alte. Brown. También conocido como Almacén Pasalacqua, debido a sus dueños. En su local se reunían dirigentes del radicalismo boquense.

-Café París: sito en Alte. Brown 1076. Era  reducto de dirigentes del Partido Socialista.

-Café La Alegría: en Alte. Brown 1061. Reducto de la hinchada de Boca Juniors.

-Bar La Camelia: en Alte. Brown y Pinzón dónde se reunía la hinchada riverplatense.

-Café del Sur: en Ministro Brin y Pedro de Mendoza. En 1897 actuó el tano Genaro y hacia el 1900 lo frecuentaba el poeta Santiago Stagnaro.

-Café de Torres: ubicado en Alte. Brown y Ayolas. Era frecuentado por los caballeros elegantes, entre sus habitúes se encontraba el ya citado Stagnaro. A partir de 1914 se convirtió en el restaurante El Cocodrilo al que concurrían gentes del ambiente teatral al finalizar sus actuaciones en el centro.

-Café de Patricios y Olavarría: en esta esquina, de chico, lustraba zapatos Juan De Dios Filiberto y luego actuó con su trío en el café.

-Café Marconi: en Olavarría al 600. Era frecuentado por muchos músicos como Carlos Marcucci. Enrique Cadícamo lo recuerda:

Viejo Café Marconi donde actuaban
los tres hermanos Paulos y Luiggin.
Tus tangos eran tristes y lloraban
en el fuelle y las cuerdas del violín.

Hoy la Boca es un barrio populoso, pujante, comercial y trabajador. El progreso ha modificado sustancialmente sus formas, pero aún quedan lugares, casas, que nos retrotraen a las épocas en que se fue formando este pedazo de Buenos Aires, dónde la influencia italiana se hizo sentir más que en ningún otro barrio porteño. El idioma de los argentinos, el tango como música y el lunfardo como habla deben a la Boca su gestación y desarrollo.

 

¡La Boca!...¡Callejón!...
¡Vuelta de Rocha!
Ya se van...Genaro y su acordeón.

¿De mi ropa? ¡Qué me importa
si se mancha con las copas
que derramo en mi frenético temblor!
Soñé a Tarento en mil regresos,
pero sigo aquí en la Boca
donde lloro mis congojas
con el alma triste, rota,
sin perdón.


 

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