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Enciclopedia del Tango
 
Criollismo
Algunos comentarios sobre el libro martín Fierro

El reconocimiento del Martín Fierro por parte de los círculos ilustrados no fue inmediato. En ello pesaron, seguramente, la postura política del autor, la visión que se tenía de la poesía gauchesca y, porque no, la característica de folletín popular de la primera impresión. 

Recién al año siguiente de la aparición del poema, la reproducción de un artículo de “La Tribuna” de Montevideo, por parte de “El Mercurio” de Rosario,  sirvió para sacar del anonimato en la consideración de los sectores ilustrados a esta obra que era memorizada por nuestro paisanos, reconocida en el mundo e ignorado por los círculos literarios del país. 

El primer argentino notable que contribuyó a valorarla, fue seguramente Ricardo Gutiérrez, quien desde París felicitaba a Hernández por la obra, que había permitido que los europeos comprendieran que los gauchos no eran antropófagos.  A las felicitaciones del notable médico se unieron luego, las de Mitre, Avellaneda, Miguel Cané y todos aquellos que comenzaron a reconocer la enorme importancia de la misma.

Sin los condicionamientos que para la crítica del país supone la posición política del autor, dos personalidades españolas como Miguel de Unamuno y Marcelino Menéndez y Pelayo, (citado en un trabajo realizado en 1972, por el lingüista Avelino Herrero Mayor, a propósito del centenario de la publicación del “Gaucho Martín Fierro”),   resaltan el mérito de la obra que suponen es posible  considerar,  junto al cantar del Mío Cid español o a la célebre Chanson de Roland, francesa, ambas,  a diferencia de nuestro Martín Fierro, de carácter anónimo.

Decía Unamuno al referirse al poema “En Martín Fierro se compenetran y se funden íntimamente el elemento épico y el lírico; es de todo lo hispanoamericano que conozco, lo más hondamente español”.  El juicio de Menéndez y Pelayo sintetiza, no sólo el valor inmenso de la obra,  sino que caracteriza de manera muy precisa el hondo drama del personaje en la lucha por impedir la extinción de una raza.  “Lo que pálidamente intentó Echeverría en “La Cautiva”, lo realiza con viril y sana rudeza el autor de Martín Fierro. 

El soplo de la pampa argentina corre por sus desgreñados, bravíos y pujantes versos, en que estallan todas las energías de la pasión indómita y primitiva, en lucha con el mecanismo social que inútilmente comprime los ímpetus del protagonista, y acaba por lanzarlo a la vida del desierto, no sin que sienta alguna nostalgia del mundo civilizado que lo arroja de su seno...

De este modo el gaucho pacífico, perseguido por la selva y acorralado por la civilización, se convierte en desertor, en nómada o matrero; gasta la vida en huir de la justicia, y vuelve como sus antepasados, los conquistadores, a abrirse camino por las selvas con su cuchillo”.  Los dos tratadistas españoles resaltan la raíz hispana de la obra,  característica que establecíamos al comienzo de este análisis, como propia de toda la literatura gauchesca, aunque no desde el contenido sino desde el punto de vista de la forma literaria.

La crítica en nuestro país tardó en asignarle al libro su verdadera importancia,  por eso la aparición,  en forma casi simultanea, de la obra de Hernández y la de Antonio Lussich, “Los tres gauchos orientales”  - esta aparece uno meses antes que Martín Fierro -, la relación existente entre ambos autores, y una famosa entrevista llevada a cabo en el Hotel Argentino, donde se hospedaba Hernández,  llevó a muchos tratadistas a afirmar que existió una enorme influencia del poeta oriental sobre la obra del argentino. 

“Los diálogos de Lussich son un borrador del libro definitivo de Hernández, un borrador utilizado y profético”, sostuvo Jorge Luis Borges que al igual que Lugones sostenía esta postura. No obstante, la primera edición hecha en Buenos Aires en 1872, por la imprenta de “La Tribuna”, de los “Tres gauchos orientales” esta dedicada al señor D. José Hernández por el autor.

En cartas intercambiadas entre los dos autores, Lussich reconoce que fue Hernández quien lo estimuló a escribir, después que este vio alguno de los trabajos inéditos del oriental. Es cierto que la aparición de la obra de Lussich estimuló la aparición del Martín Fierro, pero como sostiene Angel Rama: “En este proceso, que nos lleva de una obra esquemática a otra de mayor complejidad, es perceptible la influencia que sobre Antonio Lussich tuvo la lectura de “El gaucho Martín Fierro”.

Eneida Sansone de Martínez puso en claro esta circunstancia, cancelando la posición de precursor talentoso a que la crítica, especialmente la de Borges, había remitido el poema de Lussich. Las similitudes entre ambas obras no responden a perfeccionamientos operados por Hernández respecto al antecesor Lussich (tesis de Borges), sino a las imitaciones que introdujo Lussich en su nueva versión, luego de conocer la obra magna de quien fuera siempre su maestro”.

Dejamos para el final la conceptualización del poema, en tanto su consideración como epopeya, drama, novela, poema lírico o cualquier otro genero dentro del cual se lo incluya, para referirnos simplemente como a la obra que más contribuyó en el siglo pasado, a la construcción de ese enigma, que es el ser nacional.

Su aparición, en forma simultanea con el ocaso del gaucho sirvió, paradójicamente, para que,  algunos años después, muchos de los responsables de su desaparición física lo utilizaran en la reivindicación de su figura legendaria,  como una bandera ante el avance de la inmigración gringa que comenzaba a preocuparlos.

Es que el reconocimiento de toda la poesía gauchesca, no sólo del Martín Fierro, en tanto significaba el reconocimiento de su protagonista, el gaucho, tuvo también un enorme sentido político. Es que el nuevo diseño de la Argentina, era el que correspondía a un país cuya riqueza se basaba en la producción del campo, una producción que se exportaba casi totalmente, en un todo de acuerdo con el papel asignado a nuestro país en el orden internacional vigente, pero que con la aparición de la inmigración masiva, las ciudades, sobre todo Buenos Aires, cambiaron su perfil rural por un perfil urbano.  Esto generó, como decíamos, la necesidad de recrear un gaucho que ya no existía, y por lo tanto su ansia permanente de libertad ya no atentaba contra el sistema que lo había desplazado.

De todas formas, en esta nueva etapa el gaucho volvió a cumplir un nuevo servicio a la patria, los inmigrantes y sobre todo sus hijos ya ciudadanos del país, que si podían alterar el nuevo orden social,  encontrarían en este personaje rescatado de la poesía gauchesca e incorporado en los nuevos tiempos al teatro y a algunas otras formas de expresión literaria, el modelo a imitar y el personaje idealizado de la argentinidad.  Este “gaucho”, sería el personaje central de un nacionalismo de elites que tendrá en Lugones, tal vez, su máxima expresión literaria.

Libro: De la Vigüela al Fueye
Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray

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