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Enciclopedia del Tango
 
Criollismo
La Poesía gauchezca en la etapa de las guerras civiles

La aparición de la poesía gauchesca significa, el nacimiento de la primera expresión literaria de carácter original generada en el continente americano, así lo ha manifestado, nada menos que,  Marcelino Menéndez y Pelayo en su Historia de la Poesía Hispanoamericana,  y así lo han reconocido  estudiosos de la envergadura de: Miguel de Unamuno, Juan María Gutiérrez o Pedro Henríquez Ureña, por citar sólo a algunos de los más importantes tratadistas de nuestra lengua.

Un rasgo que siempre caracterizó a la literatura argentina, es la convivencia de dos vertientes, que si bien podrían considerarse opuestas, de ninguna manera deben conceptualizarse como antagónicas.  Una es la llamada literatura oficial, que de alguna manera coincide con lo que podríamos denominar ilustrada,  que siempre abrevó en las fuentes de los movimientos literarios europeos.
 


  En ese sentido y como ejemplo de lo dicho, es posible hablar de una corriente identificada con el estilo del  neoclasicismo europeo en el periodo hispano,  o la aparición del romanticismo,  en una etapa posterior cuando  Esteban Echeverría introduce este movimiento, aun antes que en España.
Por otro lado y en forma paralela se dieron en nuestra literatura, todos aquellos movimientos que representaron la vertiente popular, cuya piedra fundacional  es la poesía gauchesca, y que, sin ninguna duda, la literatura del tango representa en este siglo.  Lo notable, de allí que señaláramos la inexistencia de antagonismos, es que en muchos casos podemos encontrar autores que han incursionado,  con igual propiedad,  en una y otra  de las manifestaciones de nuestra literatura.

La idea de centrar nuestro análisis en la poesía gauchesca, tiene que ver con la importancia que la misma ocupa en la evolución de esta vertiente popular a que hacíamos referencia y que permitirá a fines del siglo XIX, dar nacimiento al tango.

De ninguna manera esto significa negar la importancia, que por esa misma época y desde su temprana introducción por Echeverría, adquiere el Romanticismo,  cuyos alcances van más allá de lo literario para influir también, en las corrientes del pensamiento político sobre todo a partir de la aparición del Dogma Socialista, no existe tampoco la intención de prescindir de las consideraciones que hace Sarmiento en el Facundo, sobre todo cuando refiere a la existencia de “dos civilizaciones distintas, en un mismo suelo”, y aunque diga  “El siglo XIX y el siglo XII viven juntos: el uno, dentro de las ciudades; el otro, en las campañas”, y se refiera a otro momento histórico, no hay dudas que los cambios que se operan con el proceso inmigratorio, determinante en el nacimiento del tango, tienen que ser puestos bajo la óptica de los conceptos contenidos en esa obra. 

En todo caso, lo que queremos conceptualizar, con este enfoque literario parcial, es que la autonomía de la poesía gauchesca respecto de los movimientos nacidos en Europa, permite revalorizar la posibilidad de generar una forma de expresión propia consustanciada con las necesidades y características del país y de su tiempo, circunstancia que reiteramos se repetirá, con la aparición de la poesía del tango.

Para completar esta introducción,  vale referirnos a una particularidad de la poesía gauchesca, que permite afirmar que esa independencia de pensamiento no impide reconocer influencias, que existieron y resultan de considerable importancia en su génesis.  Sin dudar podemos afirmar que esta poesía constituye  una de las formas que adquiere la lucha por la independencia  americana,  y curiosamente, esto nos lleva a internarnos en el pasado literario español.

Es que, por lo menos en lo formal, su origen se remonta a los romances,  esas composiciones poéticas originadas en los cantares de gesta, nacidos en los siglos X y XI y de los cuales sólo se conserva el Cantar del Mío Cid.  Los romances, de transmisión oral, de contenido épico, histórico o amoroso,  comenzaron a recopilarse en el Romancero a partir de finales del siglo XIV,  alcanzando en los dos siglos siguientes su mayor esplendor cuando,  muchos de los mismos,  eran recitados por los juglares y  llevados de pueblo en pueblo. 

Las leyendas épicas de Castilla,  sobre todo la Reconquista, algunas tradiciones extranjeras, francesas o bretonas,  constituyeron,  también,  fuente de inspiración para este romancero de carácter popular, que dio en llamarse Romancero Viejo. Los poetas ilustrados, a partir de los siglos XVI y XVII, tales los casos de Góngora, Quevedo, Lope de Vega o el mismo Cervantes los cultivaron remozando los temas y dando origen al Romancero Nuevo,  que se mantuvo vigente hasta el presente siglo a través de las composiciones de Antonio Machado, Rafael Alberti y sobre todo Federico García Lorca,  quien con su Romancero Gitano dio nuevamente un  deslumbrante esplendor al genero.
              
Muchas de las características de ese romancero, que seguramente trajeron los conquistadores españoles cuando llegaron a América, las encontraremos en la poesía gauchesca.  Por eso nos interesa señalar que, en su forma poética el romance consta de un número indefinido de versos de 16 sílabas rimadas en asonante  - riman sólo las vocales -, que a partir, sobre todo de su publicación,  fueron divididos en dos mitades de ocho sílabas, quedando la rima sólo en los versos pares.

A pesar de la aparente solidez de los argumentos, algunos estudiosos, como Carlos Alberto Leumann, desestiman el origen hispano de la poesía gauchesca y afirman que la copla suelta de cuatro versos octosílabos, que empieza y concluye en sí misma, generalmente asonantados el segundo y el último, era todavía ignorada en España cuando Bartolomé Hidalgo la tomó de los gauchos. De todas formas, cualquiera sea la importancia que se le asigne al Romancero en el nacimiento de esta forma poética, su relación no pasa de lo formal ya que el contenido y el lenguaje responden a la realidad de esta parte del mundo.

En lo que se refiere al lenguaje utilizado por los autores, que copian el habla de nuestros hombres de campo, es otra de las innovaciones de esa poesía.   Ese lenguaje, el gauchesco, lejos está de ser un idioma, y es simplemente el habla de ese tiempo, al que se incorporaron giros propios de América.  Algunas de estas palabras como pampa,  por citar tal vez la más representativa,  - que en lengua quechua significa superficie plana -,  tienen origen en el habla de los antiguos habitantes de estas tierras, se incorporaron al lenguaje coloquial del paisano y permanecen todavía en vigencia.

Ese vocabulario usado por el gaucho contenía además, antiguas voces del castellano, palabras recibidas del habla popular andaluza y de la innegable presencia lusitana en la zona del Río de la Plata. Todos estos elementos se hallan presentes en lo que se dio en llamar el gauchesco, pero resulta, por lo menos temerario, afirmar que el gaucho hablaba como lo hacen los personajes de los poemas. Es que los autores, para darle el color local a su poesía, imitaban el lenguaje cotidiano de nuestros  hombres de campo e inclusive, es probable, que al hacerlo hayan creado ellos mismos vocablos que hoy consideramos propios del habla del paisano.

II- Otros antecedentes

Suelen citarse como otros antecedentes de la poesía gauchesca,  algunas obras escritas en la Banda Oriental, para reflejar la lucha entre españoles y portugueses en la Colonia del Sacramento,  el principal es seguramente,  el romance compuesto por el canónigo Juan Baltasar Maciel “Canta un guaso en estilo campestre los triunfos del Excelentísimo Señor don Pedro de Cevallos” escrito en el año 1777, cuyo contenido, como indica su título, hace referencia a los mismos acontecimientos militares. Lo llamativo de esta obra es,  que en la misma aparecen  elementos que van a caracterizar luego a la poesía gauchesca, - la métrica, el guaso y sobre todo, la forma de expresión en primera persona, aquí me pongo a cantar-, que utilizará  Hernández en el Martín Fierro. 

 Durante mucho tiempo se supuso, de manera equivocada, que el sainete, “El amor de la estanciera”, escrito alrededor de 1787, era de la autoría del canónigo Maciel. Esta obra constituye,  en buena medida, otro de los antecedentes temáticos de la literatura gauchesca.  La acción se desarrolla en el campo, la protagonista, Chepa, debe elegir entre un portugués adinerado y un criollo, y es su propio padre quien la induce en la elección al manifestarle: más vale un paisano nuestro/ aunque tenga cuatro trapos. La utilización de palabras del habla campestre y las referencias permanentes al caballo como centro de la vida “el amor es un potro desbocado”, constituirán luego elementos centrales en la poesía gauchesca.

         Las invasiones inglesas dieron lugar a la aparición de obras poéticas, en las que se exaltaba el triunfo sobre los británicos. Entre las que tuvieron mayor trascendencia están el Romance heroico en que se hace relación circunstanciada  de la gloriosa reconquista de la ciudad de Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata verificada el 12 de agosto de 1806, tal el extenso título,  que Pantaleón Rivarola (1754-1821), diera a su obra y la oda El triunfo argentino, que en 1808 compusiera Vicente López y Planes.

La única relación que tienen estas obras con la poesía gauchesca,  es la utilización de la literatura como medio de exaltación patriótica.  Los personajes, el lenguaje y, sobre todo la forma - adoptan el neoclasicismo, que era el estilo literario vigente -, nada tienen que ver con el género que estamos analizando.
 

Libro: De la Vigüela al Fueye
Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray

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