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Enciclopedia del Tango
 
Inmigración
La Inmigración

La inmigración, como lo señaláramos en “De Garay a Gardel”, fue un proyecto clave para el desarrollo del país y su inserción en el nuevo orden mundial. Con su utilización, se podía tener una fuerza de trabajo abundante y, a través de la política monetaria, mantener bajos los salarios, lo que coincidía, plenamente, con los intereses del capital extranjero, ya que cuánto menor era el salario real, mayor eran sus ganancias.

Además, en momentos de depresión o de menor ocupación, los inmigrantes volvían a sus países de origen, permitiendo que la Argentina gozara de pleno empleo, ya que trasladaba su desempleo a Italia o a España, países en los que tenía, en cierta forma, su fuerza de trabajo marginal.

Hay que destacar que también en este campo existen algunas diferencias claves entre la inmigración recibida por la Argentina y la que se estableció en los EE.UU.  En primer lugar, la oligarquía argentina impidió el acceso a la propiedad de la tierra a los inmigrantes; en segundo lugar no intentó expandir el mercado interno a través del avance social del inmigrante, ya que sus intereses estaban ligados al  mercado externo y por  tanto, lo que más le importaba, era bajar al máximo sus costos internos; en tercer lugar, aunque la inmigración en Argentina se convirtió en un fenómeno predominantemente urbano, la clase terrateniente argentina, a diferencia de la elite industrial norteamericana, no controlaba el empleo urbano y por lo tanto no podía recurrir a este, para imponer su liderazgo político.

Además, se verificaba la inexistencia  de partidos políticos de masas, que canalizaran las inquietudes de los inmigrantes. La elite terrateniente argentina, se recostó sobre el capital extranjero y  creó un sistema político basado en la represión, la restricción y el fraude. No solamente no integró a los inmigrantes al sistema político, sino que los mantuvo lo más afuera posible.

Por lo tanto, una de las características principales del proceso inmigratorio argentino, fue la dificultad de los nuevos habitantes, para acceder a la propiedad de la tierra. La oligarquía utilizó a la masa inmigratoria como mano de obra barata y estacional. Inclusive, las tierras ganadas a los indios, que pertenecían al patrimonio nacional, no fueron usadas, como en América del Norte, para la colonización, sino que se utilizaron para pagar la campaña de exterminio aborigen del general Roca, o para seguir acrecentando la riqueza de la elite terrateniente.

Además el uso de la política monetaria a través de devaluaciones e inflación, junto con la orientación dada a los créditos hipotecarios, impidieron que los inmigrantes pudieran llegar a comprar tierras cuya valorización crecía ininterrumpidamente.

Un hecho sintomático fue que en la Argentina los inmigrantes no se naturalizaban, como ocurrió en los EE.UU. Esta diferencia se explica por la imposibilidad de adquirir tierras, la inestabilidad ocupacional, y principalmente por la renuencia de la elite en alentar la naturalización, ya que sus intereses económicos eran contrapuestos con los de los inmigrantes. Comenta Solberg:

“Hacia 1905 la clase alta argentina se encontró ante un dilema. La historia reciente del país indicaba que para continuar con la prosperidad se precisaban más inmigrantes, pero sin lugar a dudas los nuevos inmigrantes habrían acelerado los cambios sociales que socavarían el poder de la elite. Para impedir un desafío de esa índole a su poder político, la oligarquía se opuso tenazmente a los movimientos que alentaban la naturalización en masa. El Congreso se rehusó a considerar propuestas tendientes a modificar el laberíntico procedimiento que debía cumplir todo aspirante a la ciudadanía.”

No hay duda que la relación entre la elite y los inmigrantes fue el elemento de mayor conflictividad de la sociedad argentina de esos años. Aunque planteado como un conflicto cultural, es en el  fondo un típico conflicto de clases. La oligarquía no tenía en su seno inmigrantes, y la gran mayoría de la clase obrera era extranjera, o lo que es lo mismo, la gran mayoría de los extranjeros, el 70 %, eran obreros.

El inicio de la Primera  Guerra Mundial, detuvo el proceso inmigratorio, las cifras extraídas de las Memorias de la Dirección General de Inmigración nos muestran el movimiento migratorio de ultramar durante los años del conflicto
 

Años           lnmigrantes           Emigrantes                           Saldos

1914              115.321                       178.684                              - 63.363

1915                 45.290                      111.459                               - 66.169

1916                 32.990                         73.348                              - 40.358

1917                 18.064                         50.995                              - 32.931

1918                 13.701                         24.075                              - 10.374

1919                 41.299                        42.279                                -     980

1920                 87.032                        51.187                                  29.845

1921                 98.086                        44.638                                  53.448

1922               129.263                        45.993                                  83.270

1923               195.063                        46.810                                148.253

1924               159.939                        46.105                                113.834


Las cifras consignadas, que corresponden a los años de la guerra y el lustro siguiente, nos permiten apreciar que una vez finalizado el conflicto, el flujo inmigratorio se reanudó aunque sin la misma intensidad y con diferencias en la composición por nacionalidades. En efecto Italia, que fue el país que más inmigrantes había aportado hasta entonces, adoptó políticas de retención de sus habitantes y a partir de 1920 fue España la que ocupó ese primer lugar, a la par que se verificó un notable crecimiento del flujo de ciudadanos del centro de Europa, principalmente de origen polaco. 
              
Pero tal vez lo más significativo, sea señalar que la década anterior a la guerra, es decir el decenio 1904-1914, fue el más importante en materia de inmigración, ya que los saldos indican la radicación de más de cien mil individuos por año, llegando en 1912 a radicarse en el país 203.143 personas. Los años siguientes permiten verificar que si bien el flujo inmigratorio se reanudó, solamente en tres oportunidades se logró superar la cifra de cien mil radicaciones.
En definitiva los datos nos permiten establecer que, pese a que la inmigración siguió siendo una constante en la vida argentina, su importancia comenzó a declinar y los nacidos en el país, si bien hijos o nietos de inmigrantes, comenzaron a ser mayoría. El país se iba integrando definitivamente y el tango, herramienta fundamental de nuestro estudio, tuvo mucho que ver con eso. Se asistía a ese proceso que Homero Manzi definiera, en una bella síntesis poética, como el nacimiento del  "nuevo argentino de la patria vieja".

Libro: De Yrigoyen a Pugliese. La sociedad, el hombre común y el tango (1916-1943)

Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray

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