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Enciclopedia del Tango
 
Costumbres
Las Carreras de Caballo

 

 

 

 

Las carreras de caballo

         Es probable que este interés, sobre todo del porteño, por las carreras de caballos, tenga que ver con la pasión por el juego y no por esa estrecha relación que se dio entre el hombre y el caballo por estas latitudes. Se dice y con razón, que la patria se hizo a caballo, pero la concurrencia a los distintos hipódromos del país no constituía un homenaje a este noble animal, sino que la misma respondía y responde, al deseo de ganar unos pesos apostando a las patas de algún parejero.

         De todas formas, cualquiera sea la razón de esa pasión, entre los temas más transitados por las letras de tango están las carreras de caballos, ya que las mismas fueron el desvelo de muchos de los personajes más entrañables del mundo del tango, comenzando por el propio Carlos Gardel, que frecuentaba, no sólo los hipódromos, sino también los studs y mantenía una estrecha amistad con los principales personajes de ese ambiente. Si hiciéramos una lista de tangos en los que se refleja esta temática, la lista sería interminable, pero probablemente, Bajo Belgrano, una obra con versos de Francisco García Jiménez y música de Anselmo Aieta, sea el resumen perfecto de lo que sucedía en torno al mundo de la hípica. En este tango el autor produce una pintura notable en la que se refleja la vida cotidiana de los studs, los sentimientos de los personajes y las alegrías y esperanzas que despierta ésta que era, en los primeros años del siglo XX, una de las grandes pasiones argentinas.

Bajo BelgranoLetra: Francisco García Jiménez - Música: Anselmo Aieta

Bajo Belgrano, cómo es de sana

tu brisa pampa de juventud

que trae silbidos, canción y risa

desde los patios de los studs.

 

¡Cuánta esperanza la que en vos vive!...

La de¡ peoncito que le habla al crack:

"Sacame e'pobre, pingo querido,

no te me manques p'al Nacional!...".

 

La tibia noche de primavera

turban las violas en "El Lucero",

se hizo la fija del parejero

y están de asado, baile y cantor.

Y mientras pierde la vida un tango

que el ronco fuelle lento rezonga,

se alza la cifra de una milonga

con el elogio del cuidador.

 

Calle Blandengues, donde se asoma

la morochita linda y gentil

que pone envuelta en su mirada,

su simpatía sobre un mandil.

Y en la alborada de los aprontes

al trote corto del vareador,

se cruza el ansia de la fortuna

con la sonrisa del buen amor.

 

Bajo Beigrano... cada semana

el grito tuyo que viene al centro:

"¡Programa y montas para mañana!..."

las ilusiones prendiendo va.

¡Y en el delirio de los domingos

tenés reunidos frente a la cancha,

gritando el nombre de tus cien pingos,

los veinte barrios de la ciudad!...

Libro: De Garay a Gardel. La sociedad, el hombre común y el tango

Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray

 

Carreras de caballos

Las carreras cuadreras se comenzaron a correr en Barracas, en la calle Larga, hoy avenida Montes de Oca a partir de 1820, en tierras bañadas por el río. Las pulperías de “La banderita” y “Tres esquinas”, sobre la actual avenida Montes de Oca, constituían los lugares de partida y arribo de estas carreras que se disputaban en Barracas, y el nombre de la primera de las nombradas, obedecía a la bandera con que se hacían las señales de estas competencias. Frente a la quinta del Alte. Brown, un inglés John Miller fundó un “Racing Club” en 1824, dónde también se corrían cuadreras.

    Las carreras de caballos realizadas en lugares permanentes van a aparecer a mediados del siglo XIX. Entre los circos hípicos que hubo en Buenos Aires debemos mencionar a los siguientes:

Hipódromo de White o de Saavedra: Funcionó entre 1849 y hasta 1866, cuando una violenta tormenta de Santa Rosa destruyó sus instalaciones.  Estaba ubicado en los terrenos  del escocés Diego White, dónde hoy se encuentra la estación Rivadavia del F.C.Mitre.  Tenía una extensión de 16 cuadras y allí fueron famosas  las carreras entre los caballos del General Urquiza y los del General Manuel Hornos.        

Hipódromo Nacional: Fue inaugurado en abril de 1857.  Se encontraba ubicado en Belgrano R, limitado por las calles  La Pampa, Melián, Olazábal y Cramer.  Era de forma oval, con un recorrido de 1500 metros y  tribuna para los espectadores.  Funcionó hasta 1886, aunque algunos años antes de su desaparición ya había perdido preponderancia.

Hipódromo Argentino: En 1864, se constituyó la “Comisión del Parque Tres de Febrero” con la finalidad de organizar un paseo en los terrenos que habían sido la Residencia de Rosas.  Esta comisión acordó con la Sociedad Hipódromo Argentino, en 1875, la construcción de un circo de carreras.  Dicho hipódromo se inauguró el 7 de mayo de 1876 y subsiste hasta nuestros días con algunas mejoras realizadas en 1908. 

Hipódromo de Belgrano: En 1882, Carlos Pellegrini fundó el Jockey Club, entidad a la que fue concesionado el Hipódromo de Belgrano.  En agosto de 1886 se constituyó  la “S.A. del Hipódromo de Belgrano”,  que construyó un circo de carreras en los terrenos limitados por la Av.del Libertador,  Monroe, Av.Udaondo y las vías del F.C.Belgrano.  La pista corría por la actual calle V.de la Plaza y llegaba hasta el estadio de River Plate.  La entrada principal estaba en Libertador y Congreso. Esta zona se desarrolló mucho debido al hipódromo, y en ella se instalaron numerosos studs. El lugar se utilizaba también,  como lugar de duelos, y allí en 1894 fue herido de muerte Lucio Vicente López, nieto del autor del Himno Nacional.  Para ir al hipódromo los aficionados utilizaban el tranvía 35 o 36, que los dejaba en Libertador y La Pampa, junto a las vías del ferrocarril Mitre.  De allí se iba a pié o en coches tirados por caballos y a partir de 1895 funcionó un “tranway” que partía de Pampa y Libertador, iba por esta última hasta Republiquetas, pasando por la puerta del Hipódromo, por Republiquetas hasta Cabildo, por ésta hasta Monroe, Libertador y el punto de ferrocarril Mitre.  De allí se iba a pié o en coches tirados por caballos y a partir de 1895 funcionó un “tranway” que partía de Pampa y Libertador, iba por esta última hasta Republiquetas, pasando por la puerta del Hipódromo, por Republiquetas hasta Cabildo, por ésta hasta Monroe, Libertador y el punto de partida.  El boleto de ida y vuelta costaba 10 centavos.  Un aficionado que se había quedado seco, comenzó a “manguear” porque se “había quedado en Pampa y la vía”, haciendo famosa esta frase hasta nuestros días para indicar que uno se quedó sin dinero.

Libro: De la Vigúela al Fueye

Autor: Alejandro Molinari, Roberto Martínez y Natalio Etchegaray

 

 

 

 

 

 

 

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