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Enciclopedia del Tango
 
Lunfardo
Etapas del lunfardo
El nacimiento

Como en el caso de todas las expresiones culturales, resulta imposible establecer el lugar y el  momento preciso de nacimiento del lunfardo. Resulta en cambio posible afirmar, que es la creación de ese “nuevo argentino de la patria vieja”, como identificara Homero Manzi, a los integrantes de esa sociedad que descendía de los viejos criollos, de los pocos negros que todavía habitaban la ciudad y de los inmigrantes que llegaban a estas tierras.  De la orilla y de los conventillos de Buenos Aires, el nuevo lenguaje se proyectará a todo el país y se transformará con el tiempo, en un elemento importante de la identidad nacional.

El nacimiento

Debemos señalar distintas etapas en la evolución del lunfardo. La primera de ellas es la de su origen y nacimiento y comienza, como es lógico suponer, con la  llegada de la inmigración masiva y se extiende hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial.  Las cifras de población que surgen de los censos nacionales y que consignamos  precedentemente, permiten afirmar que a partir de los años sesenta del siglo  XIX, comienza a manifestarse intensamente el fenómeno inmigratorio, lo que marca el comienzo de los  préstamos lingüísticos, sobre todo de origen italiano.

Esta etapa se extiende hasta el comienzo de la Primera Guerra que es cuando cesa, aunque de manera transitoria, el ingreso de inmigrantes. En estos primeros años de nacimiento y desarrollo, el uso del lunfardo se circunscribe a los sectores más bajos de la población, es la etapa en que su empleo se halla ligado estrechamente al delincuente, al malevo, al proxeneta o “cafisho” para emplear la denominación lunfarda de ese personaje.

En estos primeros años, el lunfardo es utilizado casi exclusivamente por hombres, muy ocasionalmente podría escucharse una palabra lunfarda en boca de mujeres de la mala vida.  Poco a poco el lenguaje se fue extendiendo y no era infrecuente escuchar sus voces, eso sí, exclusivamente en boca de hombres, en la orilla y en los patios del conventillo.

Esta primera etapa del lunfardo, podría definirse como la etapa de los préstamos lingüísticos, esa verdadera babel que conformaba el suburbio, permitió la asimilación de voces de los más variados orígenes  sobre todo de los diversos dialectos italianos. Al respecto, podemos comparar la llegada de italianos y de españoles en esta etapa para tener una explicación de este aporte extraordinario de italianismos:

 

 

 Italianos

Período                            Arribaron              Permanecieron

1857 / 1899                      1.100.000               650.000

Españoles

1857 / 1899                          360.000              250.000

Dice Teruggi en su  obra citada anteriormente: “ el tornillo de herrero o carpintero se conoce en toda Argentina con el nombre de morsa, tomado directamente del italiano; en español, morsa es únicamente el mamífero marino”, hace mención a otras voces de ese mismo origen que se usan como propias en  nuestro lenguaje, como cucha, (casilla para perro)  peceto, o pesceto (corte de carne vacuna), lungo (por alto), mufa (que sustituye a su equivalente española moho, que nadie se atrevería a usar para señalar un estado de ánimo especial).

Finalmente, como muestra de esa primera etapa del lunfardo, reproducimos parcialmente un artículo aparecido en el diario “La Prensa”, el 6 de julio de 1878, junto con el que se considera el primer vocabulario lunfardo publicado,  ... “Queremos ocuparnos de una nueva lengua que se incuba en Buenos Aires y que, si no nos dará gloria su estudio, como a Barbará y Fontana, nos permitirá hacer a nuestros lectores un gran  servicio previniéndolos de un peligro que los amaga en todas partes, así en sus lechos como en el teatro, en el tranvía y en la vereda, en el café y en la iglesia.

Es el caso que hoy nos ocupamos de los ladrones. Sabido es que hay en Buenos Aires unos mil al menos.  ... Esta cofradía tiene sus signos y su lengua propia, que permite a los cofrades trabar sus planes en público sin ser entendidos. He aquí, pues, justificado el título de esta noticia. Nuestros trabajos sobre esta lengua son todavía embrionarios; de modo que nada diremos sobre sus verbos, sintaxis, etc. Pero  un comisario que se ocupa de hacer la guerra a los ladrones, tiene un vocabulario y de este vocabulario hemos tomado la copia de algunas de las frases más usuales, que enseguida publicaremos.

Para cerciorarnos de la verdad de este dialecto, vimos en la policía a un ladrón preso, quien contestaba perfectamente a lo que se le preguntaba en su dialecto. Puede ser que alguno de nuestros lectores saque provecho de retener algunas de las siguientes frases si la oye en la calle y se precave de la gente que de ella se sirve. He aquí las frases traducidas.

Marroca – Cadena.
Bobo – Reloj.
Bento – Plata.
Otario – Sonso.
Musho – Pobre.
Bacán – Hombre.
Mayorengo
– Oficial de la Policía.
Shafo – Vigilante.
Estrilar – Poner atención.
Mina – Mujer.
Campana – El ladrón que sirve de bombero mientras roba la cuadrilla.
Refilarle la vianda – Pegarle un golpe al individuo a quien roban, echándolo al suelo. Cuando el golpe es con palo se usa aquella frase con esta adición: en seco. Si ha de ser con un arma blanca dicen: Refilar la vianda con caldo.
Lengo
– Pañuelo.
Funshe – Sombrero.
Tocar espiante: mandarse mudar porque mira el vigilante.
Lunfardo – Ladrón.
Música
– Cartera.
Calalo – Mirar bien lo que se ha de robar.
Espiandar – Robar.
Arrebezarse - Enojarse.
No está el Shafo – El vigilante no mira.
Encanar – Llevarlo
. Lo portan en cana a Juan por lunfardo – Lo llevan preso a Juan por robo. Dilatar – Delatar.
Andar en la guianda – Tener pesos.
Me batió – Significa que estando en presencia de la autoridad el uno delata al otro como cómplice en el robo. Cuando el vigilante se percibe de que rondan los ladrones y se mueve hacia ellos, el que lo ve dice: Está estrilando el shafo, mejor es tocar espiante, que significa tocar a fugar.

Nos limitamos a las anteriores palabras y frases como ejemplo. Hemos querido poner en conocimiento del lector las más usuales, como cartera reloj, cadena, etc., que suelen ser diariamente el objetivo de los ladrones”.
Más allá de lo colorido de la nota, de las limitaciones que tenía el cronista al referirse a una manifestación lingüística que recién comenzaba a cobrar existencia, y que por lo tanto, es posible que al documentar las voces se deslizarán errores fonéticos, ya que se reproducía lo que se escuchaba por no haber registros escritos, la misma tiene singular importancia.

En principio nos permite comprobar la permanencia de algunas palabras que todavía son de uso cotidiano, como mina, otras que permanecen vigentes aunque con pequeñas modificaciones a la grafía que aparece en el vocabulario transcripto, como vento, que aparece escrita con la otra letra b, otras voces son conocidas pero en desuso y otras deben haber tenido una vida sumamente efímera y no han llegado a conocimiento masivo de la gente.
 

Libro : La inmigración y el idioma de los argentinos

Autores: Alejandro Molinari-Roberto Martínez-Natalio Etchegaray

 

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