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Enciclopedia del Tango
 
Lunfardo
Poesía Lunfardesca

El tango  “Bien pulenta” de D´Arienzo, Varela y Wais, por la orquesta de Juan D´Arienzo cantado por Alberto Echagüe, describe un ambiente y las expresiones lunfardas. “No me gusta avivar giles que después se me hagan contra...el que nace calavera, no se tuerce en la mala ni tampoco es batidor”  son códigos de ese  ambiente. “Ando chivo con la yuta” indica problemas con la policía.

El origen de la poesía lunfardesca es el mismo que el del tango, en ambiente, en espacio físico, en personajes y en la marginalidad, por lo tanto va a haber una evolución que permite que poetas de la talla de Héctor Negro puedan utilizar este vocabulario con frecuencia en sus composiciones poéticas.
La primera manifestación que uno encuentra es una cuarteta que publica Baldomero Lugones que la referenciamos porque es la primera:
Estando en el bolín polisando se
presentó el mayorengo
a portarlo en cana vengo
su mina lo ha delatado.

Aquí se ve que las expresiones están todavía en el italiano jergal porque habla de bolín y no bulín, y polisando y no apoliyando. Quince años después aparece una recopilación de Antonio Dellepiane donde está el poema “Encuentro con la china” y una cuarteta que ha logrado sortear el paso del tiempo:

Cuando el bacán está en cana
la mina se peina rizos
no hay mina que no se espiante
cuando el bacán anda mishio

Otras manifestaciones de esta poesía lunfarda, ya de mayor nivel, son hacia 1892 “Un baile en sociedad” firmado CNL; una recopilación que hace Félix Amadeo Lastra referencia un viejo poema “Versos del caló porteño”, y esto del caló porteño aparece también en la poesía de Andrés Cepeda, quien es un referente interesante.
Andrés Cepeda era un LC (ladrón conocido)porque la policía lo hacía hacer el yiro, es decir, lo transferían de una comisaría a la otra para que los miembros del personal policial lo identificaran. Siempre terminaba preso. Produjo gran cantidad de temas, casi todos ligados al canto criollo; Gardel le grabó milongas, estilos: “Como a mi madre”, “La mariposa”, “Pobre madre”, pero tiene una composición que ha superado el paso del tiempo. Es una décima.

Un bailongo

Hace como una semana
que un canfinflero mistongo,
me invitó para un bailongo,
en el pueblo de las ranas.
Las principales bacanas
de la rana población
cayeron a la reunión,
a la gurda enfaroladas,
porque habían sido invitadas
con tarjeta de cartón.

También  un payador como Betinotti, el último improvisador, recurrió al uso de vocablos lunfardos, él produce “El arrabal”, composición octosilábica y la dedica al actor Enrique Muiño, diciendo: “parlamento en caló” o sea que todavía se usaban estas denominaciones indistintamente. No sólo lunfardo, sino se hablaba también caló porteño.  Podestá lo utiliza con Pepino el 88.

Enrique Carrizo en “El compadraje oriental en competencia con el argentino” escribe unas décimas en lunfardo que no firmó y que se publican en la revista policial LC el 26 de septiembre de 1912 con el seudónimo de “El barretero” típico nombre policial y finalmente Villoldo publicó un folleto que llamó “Cantos populares argentinos” en el que, entre otros, aparecía “Cuerpo de alambre”. Esto es una introducción a los primitivos poetas del lunfardo.

“Yacaré”, Felipe Fernández, publicó una serie de poesías en tono lunfardesco. Fue un hombre muy ligado a su pueblo, compartió su tiempo con intelectuales anarquistas y socialistas y es destacable su entereza en el momento final. Le escribe una esquela a un viejo compañero de periodismo donde le dice: “Mi viejo amigo queda poca nafta en el tanque del coche de mi vida, estoy en el Hospital Tornú, Sala 6, Pabellón B, Cama 17. Con estas líneas va mi despedida. Adiós. Su amigo de ayer, de hoy y de...¿llegaré a ver el sol de mañana?”
Este hombre con esta entereza se despide de la vida y este ha sido uno de los primeros y más importantes poetas que tomó el vocabulario lunfardo para desarrollar su poesía. Su poesía culta, muy romántica no le ha dado trascendencia.

Uno de los poetas mayores de la poesía lunfarda es Carlos Muñoz, “el Malevo” Muñoz o Carlos de la Púa. Nace en 1898 en La Plata y muere en 1950 en Buenos Aires, se dedicó fundamentalmente al periodismo, trabajó en esa redacción de Crítica junto a Nicolás Olivari, a González Tuñón, a Roberto Arlt, Borges, en fin ha tenido una vida muy dada con todo lo que significó la cultura y fundamentalmente es uno de los más considerados dentro de la poesía lunfarda. Tal es así que los demás poetas le han dedicado algo. Celedonio Flores en “Corrientes y Esmeralda” habla “Te glosó un poema Carlos de la Púa”, también lo menciona en “Chapaleando barro”.

Cadícamo también en alguna poesía, Centeya en un poema dedicado al Malevo Muñoz dice: “Gran ñorse de la yeca siempre tuvo un desvelo cachuzo y esquinero de amor ilimitado que mantuvo su cuore errante limpio y cadenero”. Y María Luisa Carneri le pone letra, que prácticamente no se conoce, a un tango de Julio De Caro que se llama “El Malevo” y está dedicado al malevo Muñoz y en esos versos dice: “Sos un malevo buen mozo sin lengue ni compadreada, con melena recortada, sin milonga ni canyengue, al elemento bacán batiste el reo chamuyo, lindo parlamento el tuyo pa volcarlo en un gotán”. Es decir, es uno de los poetas más considerados y prácticamente el que comienza a dar ese vuelo dentro de la poesía lunfarda.

Escribió algunos tangos pero que no tuvieron demasiada trascendencia. Voy a leerles un poema de él.

La cortada de carabelas
Reñidero mistongo de curdas y cafañas
de vivillos de grupo y de vivos de veras,
la cortada es el último refugio de los cañas
y la cueva obligada de las barras nocheras.

Barajada en el naipe de las calles centrales.
Carabelas es la carta más brava del asfalto.
Su abolengo ranero lo tiene por cabales
y a pesar del ambiente lo conserva bien alto.

El mejor elemento de vida cadenera
pasó por sus boliches tranquila y respetada,
desde la mina aquella de reloj de pulsera
a la grela oriyera de la cremcha engrasada.

En sus rantes bulines han truqueado, broncosas
las barras más temibles de los tiempos pasados
y sus viejas paredes presenciaron famosas
peleas que dejaban cuatro a cinco tajeados.

La clásica encordada de los grandes cantores
deschavaron sus penas en sus piringundines,
volcando la milonga como un ramo de flores
en medio de las broncas y de los copetines.

Hoy la vieja Cortada tiene nueva la pinta,
pero flota en su ambiente esa vida pasada
como flota en el cuello de la viola la cinta
que pusiera prolija la mano enamorada.

 

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