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Enciclopedia del Tango
 
Historia
La fundación de Buenos Aires.
La fundación de Buenos Aires.
Buenos Aires, su crecimiento su gente y la fundación.

Hablar de nuestro país al tiempo de la llegada de los españoles, es hacer referencia al poblamiento existente en algunas regiones del noroeste, dónde por influencia del Incario, había asentamientos donde se practicaba la agricultura, el maíz era la base de su alimentación, y se domesticaban animales, fundamentalmente la llama, para hacer variada utilización de los mismos. Los pobladores, que eran sedentarios,  vivían en construcciones de piedra con carácter permanente y tenían nociones mas o menos desarrolladas de organización social.

Otras culturas, se hallaban dispersas por el hoy territorio argentino, pero ninguna adquiriría significación, en comparación con los pueblos de nuestro noroeste. En particular, la zona dónde se asentaría más adelante Buenos Aires, era poco menos que un desierto y sus habitantes, los querandíes, eran nómades que vivían muy pobremente de la caza y de la pesca.

Cuando el 11 de junio de 1580, Juan de Garay funda la Ciudad de la Santísima Trinidad, en el puerto de Santa María de los Buenos Aires, se concreta uno más de los deseos de la Corona de España en su afán de proyectar en América un estado español homogéneo, que jamás pudo lograr en la Península Ibérica, ya que la autonomía de las nacionalidades, tal el caso de catalanes y vascos, se mantiene hasta nuestros días.

Esta ciudad, que a lo largo de su historia acumulará numerosos hechos curiosos tiene en el nombre uno de ellos, ya que su denominación original será absorbida por la de su puerto, tal vez como una premonición de lo que luego se daría con el desarrollo económico de nuestro país. La influencia del puerto será decisiva y terminará afectando la evolución del resto del país.

Buenos Aires se inicia pobremente; con edificaciones precarias, producto de la falta de elementos naturales ya que en sus cercanías no existían bosques ni montañas que proveyeran de los materiales necesarios para la construcción.

Con una población original de sesenta y cuatro almas, a los diez años tenía ya entre quinientos a seiscientos habitantes, pero curiosamente su crecimiento no obedecía a la explotación agropecuaria de sus riquísimas tierras ni a la fabulosa existencia de ganado cimarrón originado en la ganadería traída por los españoles. Decididamente otra era la causa: su ubicación en la desembocadura del Río de la Plata y las enormes posibilidades que brinda el comercio, sobre todo de esclavos provenientes de África, cuyos primeros indicios datan de 1588.

Los españoles vinieron a cumplir un mandato de la Corona: fijar una ciudad en un lugar clave para su estrategia en América. Sus objetivos personales pasaban por el “sueño del oro”, pero los indígenas que habitaban la región, no eran justamente el tipo de aborígenes mansos que se prestaran para el trato por los encomenderos.

Los indios, por su parte, nunca se sometieron a las encomiendas y aceptaron dificultosamente algún principio de evangelización. Antes que trabajar la tierra o cuidar el ganado, prefirieron desplazarse al interior y vivir de los malones. Esta circunstancia se vio favorecida por el fantástico aprovechamiento que hizo el pampa del caballo; obviamente se necesitaba que alguien trabajara y la solución llegó rápidamente: el negro supliría la falta de mano de obra.

El Adelantado Vera, en 1591, solicita a la Corona la introducción de quinientos esclavos negros de Guinea. El tráfico quedaría en manos de barcos portugueses, que de retorno podían llevar grasa y cueros. Éste es el origen del crecimiento económico de Buenos Aires y también de las actividades al margen de la ley, porque comenzó el contrabando de esclavos en cantidades importantes y cuyo destino final sería Potosí; ciudad por aquel tiempo (1590) de 160.000 habitantes, que contrastaba notablemente con la escasamente poblada ciudad del Plata. Por supuesto el pago de los esclavos se hacía con la codiciada plata del Potosí y ésta volvía en los barcos negreros junto con la poco valorizada mercadería que se producía en la zona.

Estos comerciantes, en principio de origen portugués, fueron obviamente los “nuevos ricos” y comenzaron a desplazar a los antiguos pobladores, a partir del poder que da el dinero. Tanto creció el tráfico de esclavos y el poder de estas gentes que el Virrey del Perú ordenó al Gobernador Fernando de Zárate, el cierre del puerto de Buenos Aires a los barcos negreros, que además traían otras mercaderías, como las, por ese tiempo, famosas telas de Flandes y Holanda.

Sin embargo el Gobernador hizo oídos sordos al pedido, ya que procuró en todo momento crear artificios que le permitieran a los ya enriquecidos comerciantes y funcionarios mantener los privilegios del contrabando. A poco de analizar la cuestión, se reitera otra característica que aparecerá muchas veces en la vida de la ciudad: su dependencia de la producción de bienes del exterior por la casi total ausencia de producción económica propia; la agricultura prácticamente no existía y estaba en manos de algunos de los primitivos pobladores, sus mujeres y los niños. Las grandes extensiones donde pastaba el ganado salvaje no eran aprovechadas por falta de mano de obra adecuada como ya lo señalamos, la hostilidad del indio y el escaso valor de los productos.

Como consecuencia del tráfico de esclavos los portugueses se instalaron en la ciudad y con el dinero de su actividad terminaron manejando la burocracia colonial. Los préstamos hipotecarios y los casamientos con hijos del país, terminaron consolidando su residencia y el desplazamiento de los primitivos pobladores.

La lucha de Hernandarias contra la corrupción no dio resultado, pese al enorme prestigio y honestidad del primer caudillo criollo. Tampoco fue demasiado eficaz la instalación de una “aduana seca” en Córdoba. Se produjo entonces la primera modificación de la estructura social de Buenos Aires, que siguió creciendo al influjo de la corrupción que generaba el contrabando.

Natalio  P. Etchegaray - Roberto Martínez - Alejandro Molinari.

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